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Aunque los incendios forestales se registran en prácticamente toda Europa, no se distribuyen de forma homogénea. El Fire Weather Index (FWI) de Copernicus estima el riesgo de que se produzcan incendios a partir de datos meteorológicos y establece qué zonas tienen condiciones más favorables para que aparezca un gran fuego.

Desde 2016 el riesgo ha incrementado ligeramente, pero los países mediterráneos son los que reúnen cada verano las condiciones más favorables para la propagación del fuego y concentran la mayor parte de los incendios registrados.

Aún así, cada país presenta patrones distintos en los incendios de la última década que también se vieron afectados por otros factores como el relieve o los efectivos disponibles.

Portugal es uno de los países más asolados por los incendios. La superfície quemada se concentra en la parte norte y el centro del país, puesto que es la zona en la que el relieve es más pronunciado y los bomberos tienen más dificultad para controlar la expansión del fuego.

En Madeira, una isla portuguesa situada en el Atlántico, la vegetación frondosa y la superfície tan montañosa hacen que cada incendio sea complicado de controlar. En la última década, más del 30% de la isla ha sido afectada por el fuego. Los incendios de 2016 son recordados como los más catastróficos de este siglo, puesto que llegaron a la capital, Funchal, y provocaron 3 fallecidos, afectaron a 300 viviendas y obligaron a evacuar a centenares de personas.

En 2017, el centro de Portugal sufrió la peor racha de incendios nunca registrada. En junio, los incendios de Pedrogão Grande dejaron 66 muertes y cientos de heridos. La Comisión Europea activó el Mecanismo de Protección Civil para coordinar los recursos de emergencias y España, Francia, Marruecos e Italia desplegaron bomberos e hidroaviones para extinguir las llamas en las 46.769Ha quemadas.

En octubre del mismo año, Portugal registró centenares de incendios simultáneos repartidos entre el norte y el centro del país. El episodio obligó a evacuar decenas de municipios y el fuego se cobró 51 víctimas. La extrema sequedad experimentada durante el verano se unió a los fuertes vientos del huracán Ophelia, que traía aire cálido y seco proviniente del norte de África, lo cual contribuyó a una expansión muy rápida del fuego y llegó a arrasar más de 322.000Ha.

En España, los incendios se distribuyen de forma bastante heterogénea. El noroeste peninsular concentra claramente la mayor actividad, con una sucesión casi contínua de incendios desde Galícia hasta la cornisa cantábrica. También destacan varios focos en el oeste de Castilla y León, Extremadura y algunos sectores del Sistema Central, mientras que el litoral mediterráneo presenta incendios más aislados y de menor extensión.

Uno de los fuegos que marcaron la última década en España fue el incendio del Parque Natural de Doñana, justo a las puertas del parque nacional con el mismo nombre. En 2017, el fuego comenzó el 25 de junio, pero los fuertes vientos provocaron que hasta el día 4 de julio no se considerase extinguido. A lo largo de esa semana, se quemaron 10.375Ha y más de 20.000 personas de la zona fueron confinadas en sus casas.

En 2019, Gran Canaria sufrió una serie de incendios que quemaron cerca del 6% de la isla. El 10 de agosto, la imprudencia de un trabajador causó un incendio en el municipio de Artenara y en pocos días se propagó hasta quemar 1.264Ha. Cuando los bomberos ya habían controlado este primer incendio, el 17 de agosto se declaró otro en una zona muy próxima, esta vez causado por un fallo en el cableado de una torre de alta tensión. La ola de calor que hubo durante esos días y los fuertes vientos obtaculizaron los esfuerzos por contener el fuego; en algunas zonas las llamas llegaron a medir 50m de altura e hicieron que algunas áreas fueran inaccesibles para los hidroaviones. A medida que pasaron los días, las condiciones meteorológicas fueron mejorando y los bomberos pudieron controlar las llamas. En total se quemaron 8.867Ha y los alrededores de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria se vieron afectadas,justamente un mes después de que el sitio fuera declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

En septiembre de 2021, un incendio declarado en Sierra Bermeja, en la provincia de Málaga, se convirtió en uno de los incendios más importantes de la década en España. El fuego se inició el 8 de septiembre, presuntamente por un origen intencionado, y las altas temperaturas, la baja humedad y las fuertes rachas de viento favorecieron una rápida propagación por un terreno muy escarpado. La intensidad del incendio llegó a generar un comportamiento extremo, con columnas convectivas y focos secundarios que dificultaron enormemente las labores de extinción. Durante los primeros días fue necesario evacuar a miles de personas de varios municipios y más de un millar de efectivos participaron en las tareas para contener las llamas. En total ardieron 9.296 hectáreas, la mayoría dentro del paraje natural de Sierra Bermeja, y un bombero forestal falleció mientras trabajaba en las labores de extinción. Fue además el primer incendio en España catalogado oficialmente como un incendio de sexta generación, una nueva tipología de incendios caracterizada por su comportamiento extremo y su capacidad para alterar las condiciones atmosféricas que los rodean.

En agosto de 2025, una intensa ola de calor, unida a la sequía acumulada y a fuertes rachas de viento, desencadenó una de las peores temporadas de incendios registradas en España. En apenas unos días se declararon decenas de grandes incendios, especialmente en Galicia y Castilla y León, que obligaron a evacuar a miles de personas y movilizaron a cientos de efectivos de extinción. Las provincias de Ourense, Zamora y León concentraron los incendios de mayor extensión, aunque también se registraron grandes fuegos en Cáceres, Salamanca, Palencia y Badajoz.

El incendio más extenso comenzó el 10 de agosto en Uña de Quintana (Zamora) y terminó afectando también a la provincia de León, donde quemó 40.081 hectáreas. En los días siguientes se sucedieron otros grandes incendios en Rúa (37.179 ha), Veiga (25.953 ha), Manzaneda (24.583 ha) y Oímbra (24.471 ha), todos ellos en la provincia de Ourense, así como en Benuza (26.241 ha) y Burón (19.112 ha), en León. En conjunto, esta sucesión de incendios convirtió al noroeste peninsular en el principal foco de la crisis, dejando una de las mayores superficies quemadas de la historia reciente de España.

Italia es uno de los países europeos con mayor número de incendios forestales. La mayor parte se concentra en el sur de la península y en las islas de Sicilia y Cerdeña, donde el clima mediterráneo, las altas temperaturas estivales y la abundancia de vegetación favorecen la aparición y propagación del fuego. En cambio, el norte del país registra una actividad mucho más reducida y dispersa, concentrada principalmente en las regiones costeras y en algunos sectores de los Apeninos.

En el verano de 2021, una intensa ola de calor hizo que los incendios se multiplicaran por todo el sur de Italia. Las altas temperaturas, la sequía y el viento favorecieron la rápida propagación de las llamas, obligando a evacuar a miles de personas y movilizando a cientos de bomberos durante varias semanas. Sicilia, Calabria y Cerdeña fueron las regiones más afectadas, donde numerosos incendios llegaron a propagarse de forma simultánea y dificultaron las labores de extinción.

El incendio de mayor extensión comenzó el 24 de julio en Bonarcado, en la isla de Cerdeña, y quemó 13.278 hectáreas. Apenas unos días después, el 4 de agosto, se declararon otros dos grandes incendios en San Mauro Castelverde, en Sicilia (9.778 hectáreas), y en San Lorenzo, en Calabria (7.096 hectáreas). En apenas dos semanas, estos tres incendios arrasaron más de 30.000 hectáreas de superficie forestal y agrícola, convirtiéndose en los incendios de mayor extensión registrados en Italia.

Los países de la costa occidental de los Balcanes presentan uno de los patrones de incendios más continuos de Europa. Desde Croacia hasta Albania, los incendios se concentran principalmente en la franja costera del mar Adriático y en las zonas montañosas del interior, donde los veranos secos, el relieve abrupto y la abundante vegetación mediterránea favorecen la propagación del fuego. En cambio, las llanuras del interior registran una actividad mucho más reducida y dispersa.

Entre 2016 y junio de 2026, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Montenegro y Albania registraron incendios que se repiten en las mismas regiones año tras año, especialmente en la costa dálmata croata, el sur de Bosnia, el litoral montenegrino y el norte de Albania. Aunque la mayoría afectan superficies relativamente reducidas, algunos veranos especialmente cálidos y secos dieron lugar a incendios de gran extensión dieron, como los que amenazaron la ciudad de Split (Croacia) en 2017, los incendios que afectaron a la costa de Montenegro ese mismo verano o los registrados en Herzegovina y el sur de Albania durante las olas de calor de 2021 y 2022.

Los incendios en Grecia se reparten por todo el territorio, pero se concentran en el centro y el sur del país. Las regiones de Ática, Eubea (Evia) y el Peloponeso registran algunos de los episodios más frecuentes, a los que se suman numerosos incendios en las islas del mar Egeo. Los veranos secos y calurosos, junto con la vegetación mediterránea y el relieve montañoso, favorecen que el fuego se propague con rapidez en muchas de estas zonas. Como consecuencia, Grecia ha registrado algunos de los incendios más extensos y devastadores de Europa durante la última década, incluido el mayor incendio jamás registrado en la Unión Europea.

El 23 de julio de 2018, una combinación de fuertes vientos, altas temperaturas y varios focos simultáneos provocó una de las mayores tragedias de la historia reciente de Grecia. El incendio se propagó desde el monte Penteli hasta la localidad costera de Mati en apenas unas horas, dejando a miles de personas sin tiempo para evacuar. Muchas intentaron refugiarse en la playa o escapar por carretera, pero el avance del fuego bloqueó las vías de salida. En total murieron 104 personas y más de un centenar resultaron heridas, convirtiéndose en el incendio forestal más letal registrado en Europa en lo que va de siglo.

Mientras el incendio de Mati avanzaba por el este de la región de Ática, otro gran incendio se declaró ese mismo día en Kineta, al oeste de Atenas. La simultaneidad de ambos incendios obligó a repartir los recursos de extinción y puso de manifiesto la vulnerabilidad del área metropolitana de la capital griega durante los episodios de calor extremo. Aunque el incendio de Kineta tuvo un impacto humano mucho menor, quemó 5.568 hectáreas de bosque y obligó a evacuar varias localidades, convirtiéndose en el mayor incendios registrado ese verano en Grecia.

En el verano de 2021, Grecia sufrió una intensa ola de calor con temperaturas que superaron los 45 °C durante varios días consecutivos. Estas condiciones favorecieron la aparición de numerosos incendios, entre ellos el que afectó a la isla de Eubea (Evia). Las llamas avanzaron durante más de una semana a través de extensos pinares y obligaron a evacuar decenas de pueblos, muchos de ellos únicamente por mar. En total se quemaron 51.881 hectáreas, convirtiéndose en uno de los mayores incendios registrados en el Mediterráneo durante el siglo XXI.

Dos años después, en agosto de 2023, otro incendio de dimensiones excepcionales se declaró en la región de Alexandroupoli, al noreste de Grecia. Impulsado por una prolongada sequía y fuertes vientos, el fuego atravesó el bosque de Dadia, una de las áreas protegidas más importantes del país por su biodiversidad y sus poblaciones de aves rapaces. Durante más de dos semanas, cientos de bomberos trabajaron para contener un incendio que terminó arrasando 96.610 hectáreas, la mayor superficie quemada por un único incendio desde que existen registros en la Unión Europea.

Ucrania presenta un patrón de incendios muy diferente al del resto de Europa. Mientras que hasta 2021 los focos se distribuían de forma dispersa por distintas regiones del país, a partir de 2024 se observa una fuerte concentración en el este y el sur, siguiendo de cerca la línea del frente y la frontera con Rusia. La mayoría de estos incendios no responden únicamente a las condiciones meteorológicas del verano, sino también a las consecuencias directas del conflicto armado: explosiones, bombardeos, minas y munición generan numerosos focos de incendio que, en un contexto de altas temperaturas y sequía, pueden propagarse durante días. Como resultado, 2024 se convirtió en la peor temporada de incendios jamás registrada en Ucrania, con una superficie quemada sin precedentes y un patrón de incendios que refleja con claridad el avance de la guerra sobre el territorio.

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