Europa, una década marcada por el fuego

Europa, una década marcada por el fuego

El verano suele llegar acompañado del buen tiempo, días en la playa y vacaciones, pero el calor también trae consigo sequías y olas de calor. Estas condiciones hacen que el paisaje europeo reúna los factores necesarios para que un pequeño foco pueda convertirse en un incendio forestal.

El estándar europeo considera que la «época de incendios» transcurre entre el 1 de junio y el 30 de septiembre, pero el aumento de temperaturas y las sequías están contribuyendo a que los grandes incendios no se limiten a los meses de verano.

Europa ha pasado de tener que lidiar con 1.194 incendios en 2016 a 10.403 sólo durante los seis primeros meses de 2026.

El número de incendios en Europa no ha dejado de crecer durante la última década. El mayor salto se produjo entre 2021 y 2022, cuando se pasó de 6.629 a 12.672 incendios, casi el doble en un solo año. Desde entonces, las cifras se han mantenido muy por encima de los niveles registrados a comienzos de la década.

En los últimos años, los incendios no han quedado limitados a los meses de verano y en casos concretos como febrero y marzo de 2019 o los meses de marzo de 2021, 2022, 2025 y 2026 se ha llegado a superar el número de incendios de los meses de verano de ese mismo año.

También cabe destacar que, con el cambio climático, el mes de octubre tiende a igualar temperaturas y condiciones climáticas similares a las de septiembre y esto eleva el riesgo de que se puedan producir incendios similares a los del verano.

Pero uno podría pensar que un mayor número de incendios no tendría por qué suponer más hectáreas (Ha) quemadas. Y hasta cierto punto tendría razón.

En 2020 hubo 5.602 incendios y se quemaron 919.533 Ha, mientras que en 2021, con 6.629 incendios se quemaron 919.049 Ha. Más de 1.000 incendios más en 2021, pero menos hectáreas quemadas que en 2020.

Por desgracia, el incremento en las cifras de incendios ha sido tan brusco en los últimos años que también se ha visto reflejado en el número de Ha quemadas: de 506.184 Ha en 2016 a más de 2 millones de Ha en 2025.

Entonces, ¿qué está provocando que cada año ardan tantas hectáreas? La mayor parte de la superficie quemada no se reparte entre miles de pequeños incendios, sino que se concentra en un número reducido de incendios de gran tamaño.

Según los estándares oficiales utilizados en España, se considera Gran Incendio Forestal (GIF) a todo incendio que supera las 500 hectáreas de superficie forestal quemada.

Salvo en 2016 y 2017, estos grandes incendios forestales representan entre el 2% y el 6% del total de incendios registrados cada año. Sin embargo, son responsables de más de la mitad de la superficie quemada en la mayoría de años.

Cifra total de incendios y grandes incendios forestales por año

AñoIncendiosGIFHa totalesHa quemadas por GIF
20161.194228 (19,1 %)506.184352.830 (69,7 %)
20172.733396 (14,5 %)1.256.594956.759 (76,1 %)
20181.13860 (5,3 %)198.993102.295 (51,4 %)
20193.299186 (5,6 %)533.407251.864 (47,2 %)
20205.602282 (5,0 %)919.533543.127 (59,1 %)
20216.629231 (3,5 %)919.049597.316 (65,0 %)
202212.672367 (2,9 %)1.300.001713.738 (54,9 %)
20238.377215 (2,6 %)804.663433.280 (53,8 %)
202418.391555 (3,0 %)1.798.548837.800 (46,6 %)
202521.578534 (2,5 %)2.172.1691.271.969 (58,6 %)
2026*10.403116 (1,1 %)471.529158.402 (33,6 %)

* Hasta inicios de julio

Especialmente en verano es sencillo que un pequeño incendio termine descontrolándose y convirtiéndose en un gran incendio forestal. Las altas temperaturas, las sequías, los bajos niveles de humedad y el viento crean las condiciones propicias para que un incendio se propague con rapidez. En zonas de difícil acceso o con una orografía compleja, las labores de extinción se complican y aumenta el riesgo de que el fuego alcance grandes dimensiones.

Puedes desplazarte, hacer zoom, filtrar por años, usar el índice lateral y hacer clic en el mapa para descubrir los incendios forestales en Europa.
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Aunque los incendios forestales se registran en prácticamente toda Europa, no se distribuyen de forma homogénea. El Fire Weather Index (FWI) de Copernicus estima el riesgo de que se produzcan incendios a partir de datos meteorológicos y establece qué zonas tienen condiciones más favorables para que aparezca un gran fuego.

Desde 2016 el riesgo ha incrementado ligeramente, pero los países mediterráneos son los que reúnen cada verano las condiciones más favorables para la propagación del fuego y concentran la mayor parte de los incendios registrados.

Aun así, cada país presenta patrones distintos en los incendios de la última década que también se han visto afectados por otros factores como el relieve o los efectivos disponibles.

Portugal es uno de los países más asolados por los incendios. La superficie quemada se concentra en la parte norte y el centro del país, puesto que es la zona en la que el relieve es más pronunciado y los bomberos tienen más dificultad para controlar la expansión del fuego.

En España, los incendios se distribuyen de forma bastante heterogénea. El noroeste peninsular concentra claramente la mayor actividad, con una sucesión casi continua de incendios desde Galicia hasta la cornisa cantábrica. También destacan varios focos en el oeste de Castilla y León, Extremadura y algunos sectores del Sistema Central, mientras que el litoral mediterráneo presenta incendios más aislados y de menor extensión.

Italia es uno de los países europeos con mayor número de incendios forestales. La mayor parte se concentra en el sur de la península y en las islas de Sicilia y Cerdeña, donde el clima mediterráneo, las altas temperaturas estivales y la abundancia de vegetación favorecen la aparición y propagación del fuego. En cambio, el norte del país registra una actividad mucho más reducida y dispersa, concentrada principalmente en las regiones costeras y en algunos sectores de los Apeninos.

Los países de la costa occidental de los Balcanes presentan uno de los patrones de incendios más continuos de Europa. Desde Croacia hasta Albania, los incendios se concentran principalmente en la franja costera del mar Adriático y en las zonas montañosas del interior, donde los veranos secos, el relieve abrupto y la abundante vegetación mediterránea favorecen la propagación del fuego. En cambio, las llanuras del interior registran una actividad mucho más reducida y dispersa.

Los incendios en Grecia se reparten por todo el territorio, pero se concentran en el centro y el sur del país. Las regiones de Ática, Eubea (Evia) y el Peloponeso registran algunos de los episodios más frecuentes, a los que se suman numerosos incendios en las islas del mar Egeo.

Los veranos secos y calurosos, junto con la vegetación mediterránea y el relieve montañoso, favorecen que el fuego se propague con rapidez en muchas de estas zonas. Como consecuencia, Grecia ha registrado algunos de los incendios más extensos y devastadores de Europa durante la última década, incluido el mayor incendio jamás registrado en la Unión Europea.

Ucrania presenta un patrón de incendios muy diferente al del resto de Europa. Mientras que hasta 2021 los focos se distribuían de forma dispersa por distintas regiones del país, a partir de 2024 se observa una fuerte concentración en el este y el sur, siguiendo de cerca la línea del frente y la frontera con Rusia.

La mayoría de estos incendios no responden únicamente a las condiciones meteorológicas del verano, sino también a las consecuencias directas del conflicto armado: explosiones, bombardeos, minas y munición generan numerosos focos de incendio que, en un contexto de altas temperaturas y sequía, pueden propagarse durante días.

Como resultado, 2024 se convirtió en la peor temporada de incendios jamás registrada en Ucrania, con una superficie quemada sin precedentes y un patrón de incendios que refleja con claridad el avance de la guerra sobre el territorio.

Durante la última década, Europa ha experimentado un aumento tanto del número de incendios como de la superficie quemada. Los grandes incendios forestales ya no son episodios excepcionales limitados a unos pocos veranos especialmente secos, sino fenómenos cada vez más frecuentes que aparecen antes del verano, se prolongan hasta bien entrado el otoño y afectan a regiones donde hace apenas unos años eran mucho menos habituales. El aumento de las temperaturas, las sequías prolongadas y las olas de calor crean unas condiciones cada vez más favorables para que un pequeño foco pueda transformarse en un incendio de grandes dimensiones.

Sin embargo, el clima por sí solo no explica lo que ocurre. La Comisión Europea señala que el cambio climático actúa como un multiplicador del riesgo, favoreciendo la propagación del fuego, pero no suele ser el origen del incendio. Según un estudio del Centro Común de Investigación (JRC), en aquellos incendios cuya causa ha podido determinarse (aproximadamente la mitad) alrededor del 96 % fueron provocados por la actividad humana, ya sea de forma deliberada o por negligencia, mientras que únicamente el 4 % tuvo un origen natural, como la caída de un rayo.

Reducir el riesgo de los grandes incendios pasa, por tanto, por actuar en dos frentes. Por un lado, limitar el calentamiento global para evitar que las condiciones meteorológicas sigan favoreciendo incendios cada vez más extremos. Por otro, reforzar la prevención, la gestión forestal y la concienciación ciudadana para reducir el número de incendios que llegan a producirse. Porque, aunque no siempre sea posible evitar que un verano sea más cálido y seco, sí es posible reducir el número de fuegos que llegan a iniciarse y, con ello, limitar el impacto de unos incendios que cada año amenazan una mayor parte del territorio europeo.

Todo el contenido de este artículo se ha elaborado a partir de datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS).

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